En 1796, el erudito y escritor Francisco Cerdá y Rico (1739-1800) obtuvo de Carlos IV la comisión de traducir el libro Pratique de léquitation, ou l’art de l’equitation réduit en principes escrito por Louis-Charles Mercier Dupaty de Clam, editado por Lacombe en París en 1769, y cuyo manuscrito había sido comentado y anotado por el propio monarca y por Manuel Godoy.

Louis-Charles Mercier Dupaty de Clam, Pratique de léquitation, ou l’art de l’equitation réduit en principes, 1769.

     La idea de Cerdá al traducir la obra de Dupaty no sólo era combatir “la suma ignorancia que comúnmente reyna en España en orden al noble exercicio del manejo del caballo”, sino también editar independientemente las traducciones de otros dos tratados de equitación, el de Mottin de la Balme y del barón de Bohan[1]. Este ambicioso proyecto debía contar con dos ediciones profusamente ilustradas, una en formato de gran folio y otra en cuarto. La primera se titulaba Real Picadero de Carlos IV y los dibujos para ésta se encargaron a Antonio Carnicero.

Manuel Salvador Carmona según dibujo de Antonio Carnicero, Frontispicio para el Real Picadero, ca. 1797-1799. Madrid, Biblioteca Nacional, inv. INVENT/22388.

     Antonio Carnicero Mancio nace el 10 de enero de 1748 en Salamanca. Pintor, dibujante y grabador, pertenece a una saga de reconocidos artistas españoles del siglo XVIII. Su padre, Alejandro Carnicero (1693-1756) y su hermano Gregorio (s/f), trabajaron como escultores para la decoración del Palacio Real nuevo de Madrid. Su hermano Isidro (1736-1814) se dedicó por igual a la pintura y a la escultura, siendo pensionado en Roma en 1760 para realizar copias de esculturas de la antigüedad. En 1749 la familia se traslada a la Corte con el fin de trabajar para la Casa Real en la ya mencionada decoración escultórica del Palacio Real. Los primeros rudimentos del arte los aprenderá en el seno familiar. En 1756, cuando Antonio cuenta con tan sólo ocho años, fallece su padre. Su educación queda en manos de sus hermanos, que van a propiciar su ingreso como alumno en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando en 1758. Dos años más tarde se trasladará junto a su hermano Isidro a Roma, donde permanecerá por espacio de seis años. En la Ciudad Eterna recibirá la misma educación que los pensionados, perfeccionando la técnica del dibujo y afanándose en la copia de obras de la antigüedad y de los grandes pintores.

     En 1766 regresa a Madrid y se incorpora a las enseñanzas de la Academia de San Fernando, logrando varios premios que le llevarán a obtener, en 1769, el encargo de pintar seis grandes cuadros sobre la vida de San Francisco de Asís para la Basílica de San Francisco el Grande (in situ). A partir de 1775 participa, bajo las órdenes de José del Castillo (1737-1793), en la realización de cartones para los tapices destinados al Gabinete de la Princesa de Asturias en el Palacio del Pardo. También realizará desde 1781 algunas pinturas para la serie de vistas panorámicas de puertos, caminos, bahías, islas y arsenales de España encargada por Carlos III a Mariano Ramón Sánchez (1740-1822) con destino a los gabinetes de la biblioteca del Príncipe de Asturias en el Palacio Real de Madrid. En 1788 es nombrado académico de mérito de la Academia de San Fernando, y en 1796 obtiene la plaza de Pintor de Cámara de Carlos IV, retratando a partir de entonces a los miembros de la familia real en numerosas ocasiones, ya sea en lienzos o bien a través de estampas con destino a los Kalendarios y Guías de forasteros.

     Su perfil era el idóneo a la hora de acometer los dibujos para esta empresa ya que con anterioridad había realizado veinte láminas para la edición de El Quijote de Ibarra publicada por la Real Academia de la Lengua entre 1780 y 1782; y había participado en las ilustraciones para las series de los Retratos de los españoles ilustres (Real Calcografía, 1788) o en el cuaderno IV de la Colección de trajes de España (Real Calcografía, 1778-1784)[2].

     En las láminas para el Real Picadero de Carlos IV Carnicero representó a los principales miembros de la Casa Real, el rey Carlos IV, don Luis de Borbón, príncipe de Parma, y al príncipe de Asturias, junto a Manuel Godoy, primer ministro todopoderoso del monarca, en distintos momentos de la monta. La segunda edición se llamó Cartilla de equitación y sus dibujos para ser grabados, de los que se calcularon unas treinta estampas, fueron encomendados a Cosme Acuña y Troncoso (1760-ca.1814). Finalmente, para la primera edición se abrieron trece láminas, entre 1797 y 1801, y para la segunda tan sólo cinco, siendo estampadas en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando por los mejores grabadores del momento. Sin embargo, ninguna de las dos ediciones llegó a concluirse debido a lo cuantioso del proyecto y al impago tanto a los dibujantes como a los grabadores.

     Para la realización de los dibujos Carnicero asistió diariamente a los ejercicios que llevaban a cabo los animales en el Real Picadero de Aranjuez, asignándosele 40 reales de vellón diarios. En 8 de abril de 1798 sabemos que se habían terminado ya todos los dibujos[3], para los cuales se conservan en muchos de los casos diversos estudios intermedios a lápiz  y algunos de los dibujos finales para ser llevados a las planchas[4]. Sin embargo, como ya hemos dicho anteriormente, tan sólo dieciocho láminas llegaron a ser grabadas, las cuales ingresaron en el archivo de la Calcografía Nacional entre 1799 y 1800[5].

Antonio Carnicero, Trote lento. Retrato de Fernando, Príncipe de Asturias, 1797. Aguadas de tinta sobre papel. Madrid, Calcografía Nacional, inv. D132.

 

NOTAS DEL TEXTO

[1] Calcografía Nacional. Catálogo general. Madrid, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, 2004, vol. I, p. 289.

[2] Sobre la biografía de Carnicero véase Antonio Carnicero. 1748-1814. Catálogo de la exposición. Madrid, Centro Cultural de la Villa, 1997 y Antonio Carnicero Mancio. Catálogo de la exposición. Salamanca, Obra Cultural y Social, 1997.

[3] AHN, Estado, Leg. 3014. Véase Calcografía Nacional, op. cit., vol. I, p. 291.

[4] Véase El papel del dibujo en España. Catálogo de la Galería Caylus, Madrid, 2006, pp. 142-147, nos 51-53; Fecit II. Spanish Old Masters & Modern Drawings. Madrid, José de la Mano Galería de Arte, 2010, pp. 47-51, cat. 10; y GALLEGO, Antonio: Historia del grabado en España. Cuadernos de Arte Cátedra, Madrid, 1979, pp. 72-73, nºs 31-32.

[5] Calcografía Nacional, op. cit., vol. I, pp. 289-294.

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