Seguimos con la serie dedicada a los escultores italianos que van a trabajar para los monarcas hispánicos en el Renacimiento. En el primer artículo de la serie tratábamos de los maestros que habían venido a trabajar para los Reyes Católicos (ver aquí) y en esta ocasión seguimos con los que trabajaron para el Emperador Carlos.

Escultores italianos en España en época de Carlos V

     Si algo debemos destacar del reinado de Carlos V fue su interés por el desarrollo de una potente actividad artística dirigida desde el entorno regio. Se creó por vez primera una colección escultórica imperial, con el atractivo de la presencia del escultor italiano Leone Leoni y posteriormente la de su hijo Pompeo Leoni.

      Durante esta época se produjo un alejamiento definitivo del goticismo imperante para pasar a optar por la alternativa clasicista italiana como la mejor y más representativa del contenido político del poder absoluto. Este aspecto, según Fernando Checa, se limita a perfilar su imagen, “sin llegar a definir una auténtica política cultural”. Lentamente, entre los artistas que trabajen para la Monarquía, se impondrá el gusto por el dramatismo miguelangelesco que irá desplazando a las tradicionales formas quatrocentistas que apenas llegaron a consolidarse en la península ibérica.

      Pero antes de la llegada de los Leoni, hubo otros artistas que trabajaron en el entorno regio de los primeros austrias, siendo respresentativas las obras de Pietro Torrigiano y Niccolo da Corte.

Pietro Torrigiano (1472-1528)

            Torrigiano fue, además de artista, un militar marcado por un fuerte carácter, que le llegó a enfrentarse a su condiscípulo Miguel Ángel. Sin embargo, su obra nos sugiere que fue un magnífico escultor, pero tuvo que salir de Florencia para buscarse la vida. Después de trabajar para la casa real inglesa esculpiendo el sepulcro de Enrique VII, vino a dar con sus huesos en Castilla.  La obra más destacada de las que realizó en su estancia española fue el famoso San Jerónimo que se conserva en el Museo de Bellas Artes de Sevilla, realizado en barro cocido, cuya estudiada anatomía causó admiración en su tiempo.

            En lo tocante a los retratos, realizó un busto de barro de la emperatriz Isabel de Portugal en 1525, durante la boda de ésta y Carlos V, hoy perdido y el que tan solo tenemos noticias por Francisco de Holanda.

Niccolo da Corte (antes de 1507- 1552)

Niccolò da Corte. Relieves de la portada del Palacio de Carlos V en la Alhambra. Granada. Foto: IPCE (archivo Ruiz-Vernacci)

            El artista, afincado en Génova, donde disfrutaba de una cómoda posición y múltiples encargos, se desplazó a Granada para trabajar a las órdenes de Álvaro de Bazán (sobre el marqués de Santa Cruz ver post que le dedicamos aquí). Al poco tiempo se integró en las obras que se estaban llevando a cabo en el palacio de la Alhambra. Creó un conjunto iconográfico que define la imagen del Emperador allá por 1537 cincelando relieves como los de la Fama, de la portada meridional, o diseñando las argollas de bronce que rodean el palacio. Trabajó también en la portada Oeste del palacio, así como en el Pilar de Carlos V, siguiendo el diseño de Pedro Machuca, elaborando un conjunto de obras totalmente profanas, plenas de elementos alegóricos clasicistas que resaltan la ascendencia mitológica de la dinastía de los Austrias y su legitimidad como emperadores.

Niccolò da Corte y Pedro Machuca (diseño). Fuente de Carlos V. Granada. Foto: wikipedia (Zeisterre)

Jacopo Florentino (1476 – 1526)

            Jacopo Torni, l’Indaco Vecchio, fue un pintor, escultor y arquitecto nacido en Florencia y formado en el taller de Ghirlandaio. Cercano al entorno de Miguel Ángel, trabajó en Florencia y Roma hasta que, en 1520, atraído por la abundante actividad artística imperial, recaló en España, colaborando en las pinturas murales de la Capilla Real de Granada. Sin embargo, desarrollaría su actividad escultórica ejecutando trabajos decorativos mobiliarios como las cajonerías o las rejas de madera de la sacristía. Destacamos la Anunciación, en el remate de la misma sacristía, en piedra policromada, que nos remite a los modelos donatellianos de Santa Croce en Florencia.

Leone Leoni (1509-1590)

            Escultor de Arezzo establecido en Milán, entró al servicio de Carlos V a través de la amistad que le unía a Pietro Arentino, que a su vez era amigo de Tiziano. Sus influyentes amistades, así como la calidad de sus obras, le llevaron a ser recomendado por Pietro Bembo para trabajar como medallista para el papa León X. Tras varios acontecimientos turbulentos en su vida, Francisco de Ávalos, Gobernador de Milán, le convirtió en “grabador de la moneda imperial” y en 1544 Carlos V le encargaba una medalla de la Emperatriz Isabel que tomó de un retrato que anteriormente realizara Tiziano.

            Con la ayuda de Perrenot, el cardenal Granvela, y Ferrante Gonzaga, gobernador del estado de Milán, pudo acceder a los círculos imperiales. Así, proyectó y presentó un grupo escultórico ecuestre que resultó muy del gusto de Carlos V, siendo finalmente nombrado escultor del Emperador en 1546. Durante este período realizó algunas medallas como la de Felipe II, que agradó mucho a Carlos, o la del matrimonio imperial encargada en 1546, de inspiración clásica.

            Además de ser llamado para que acudiera a Bruselas en 1547, donde llevó consigo a su hijo Pompeo, ha quedado constancia del interés que suscitaba su trabajo en el entorno imperial a través de Vasari, quien dejó escrito que Carlos V visitaba el taller de los Leoni para verlos trabajar y conversar con ellos.

            Para demostrar a todos su valía, transportó sus obras desde Milán hasta Bruselas; los mármoles en barco y los bronces en carros. Allí remató las piezas y rechazó el trasladarse a España volviendo de nuevo a Milán. El que sí marchó junto al emperador fue Pompeo, quien terminó todas las esculturas enviadas por su padre y llevaría consigo también las obras para la Reina María de Hungría, realizadas por aquel. Entre ellas podemos destacar los retratos de cuerpo entero de la propia María de Hungría y el joven Felipe II, estas esculturas tuvieron un lugar importante, en la centuria siguiente, en la disposición del Real Sitio del Buen Retiro (ver aquí).

            Tras ello, Leone volvió a Milán a ejecutar las obras pactadas, hasta que nuevamente fue llamado para asistir a la dieta de Ausburgo, al igual que Tiziano. En este momento se concretó la realización de la obra de Carlos V abatiendo al Furor y se produjo un punto de inflexión en la carrera de Leone Leoni, ya que, Carlos V le nombró caballero, integrándose desde entonces en la nobleza cortesana.

            Mientras, instalado en Roma, iniciaba su actividad junto a Miguel Ángel, a quien propuso ejecutar los enterramientos reales de España, negocio que jamás llegó a buen término. Como última intervención para la Monarquía Hispánica tenemos que comentar su colaboración en el retablo de El Escorial, gracias a la asociación con su hijo Pompeo. Muchas fueron las obras encargadas a Leone Leoni para la corte española, que él realizaba y su hijo retocaba, formando una sociedad muy eficiente. Entre aquellas de mayor calado debemos hacer mención a las más significativas. Pero sobre El Escorial y la labor de los Leoni para Felipe II trataremos en el siguiente capítulo.

 

BIBLIOGRAFÍA

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