Un Autorretrato de Rembrandt que estuvo colgado en la pared de una cocina durante más de 12 años, saldrá a pujas en Sotheby’s Londres el próximo 28 de julio con una estimación entre doce y dieciséis millones de libras.

     Corría el no demasiado lejano año de 1970 cuando este Self-portrait, half-length, wearing a ruff and a black hat salía a subasta, suponemos que como seguidor del gran pintor Rembrandt Harmensz van Rijn (Leiden, 1606 – Ámsterdam, 1669) o de su círculo, pero no como obra del maestro. Quizá alguien pujó por él, pero el hecho es que un intermediario de París llamado J.O. Leegenhoek lo compró por apenas 650 GBP. Pasado el tiempo se lo regaló a su mujer, que lo debió custodiar con tan sumo cuidado que lo colgó nada menos que en su cocina, donde permaneció durante años. En pocos días, el próximo 28 de julio, esa obra liderará una curiosa subasta en Sotheby’s Londres, en donde también saldrán al mercado una cohorte de piezas de gran valor que abarcan más de quinientos años de historia, en un intento de arroparla y darle un mayor prestigio.

     Ha habido muchos pintores a lo largo de la historia que se han retratado con frecuencia, pero seguro que muy pocos han superado las más de ochenta imágenes que, entre pinturas, dibujos y grabados, nos ha dejado el maestro de Leiden. En un primer momento, su rostro le sirvió para explorar sentimientos, estados de ánimo y gestos. Pasados esos primeros años de estudio, como quien dice, y dado el éxito del que gozó muy pronto por la calidad de su pintura, utilizó entonces su figura como su tarjeta de presentación en sociedad. A partir de entonces con sus Autorretratos no sólo mostrará sus capacidades pictóricas sino también su posición social gracias a los distintos objetos que portaba, ya fuesen pieles, sombreros, copas de vino o cerveza, acompañantes con risas huecas…, todos ellos imagen del éxito superficial. Pasados esos años de gloria, el interés por las cosas mundanas va desapareciendo y comienza en cambio un peregrinaje en el que intentará captar incluso los más pequeños cambios psicológicos, hasta llegar a la verdadera profundidad del alma, aquella que sólo se perciben en los ojos.

     La tabla que nos ocupa es especialmente interesante por varios motivos. En primer lugar, por el propio retrato que nos muestra a un joven pintor que acaba de cumplir los 26 años, tan seguro de sí mismo que, tras su formación y primer despegue profesional, con ya importantes encargos de la Corte gracias a su conocido Constantijn Huyghens -poeta, coleccionista, secretario y asesor artístico del príncipe Frederik Hendrick de Orange-, decide abandonar el negocio con Gerard Dou (1613-1675), su primer alumno y posterior socio, e instalarse en Ámsterdam. Algo de esa seguridad parece entreverse en la aparentemente sobria forma de vestir, con gorguera, guantes de piel y sombrero negro decorado con oro, en la pose y en la mirada directa al espectador.

Rembrandt: Detalle de Autorretrato vistiendo un gorguera y un sombrero negro, 1632. Foto: Sotheby’s.

     Poco antes, en 1631, había pintado el soberbio retrato sobre madera de caoba del negociante Nicolaes Ruts, que está en la Frick Collection de Nueva York y que entusiasma a todo el que lo ve al natural.

Rembrandt van Rijn: Nicolaes Ruts, 1631. Óleo sobre caoba. Nueva York, The Frick Collection.

     Al poco de establecerse en Ámsterdam comenzaron a llegarle los encargos. Quizá el más destacado de ese glorioso momento sea la extraordinaria Lección de anatomía del Dr. Tulp (The Anatomy Lesson of Dr. Nicolaes Tulp), actualmente en el Mauritshuis, Museo de arte de la Edad de Oro, en La Haya. Evidentemente, el Rembrandt recién llegado y afincado quería impresionar a sus posibles futuros clientes, y no reparó en esfuerzos por conseguir una magistral composición con vívidos retratos de los protagonistas. Sólo así, con un gran triunfo, lloverían los encargos. La firma de esta obra es prácticamente idéntica a la del Autorretrato que sale a pujas, muy probablemente de finales ya de 1632. Asimismo, la tabla utilizada aquí procede del mismo roble del Báltico que la usada en otras obras conservadas del maestro holandés de esa misma época.

Rembrandt van Rijn: La lección de anatomía del Dr. Tulp, 1632. La Haya, Mauritshuis Museum.

     Si el primer motivo por el que destaca el Autorretrato en subasta es por la calidad en sí misma de la obra, el segundo hace referencia al contexto pues sólo quedan tres Autorretratos de Rembrandt en manos privadas. El primero de ellos, fechado en 1634, mucho más casero y de andar por casa, es una extraordinaria tabla que rezuma naturalidad y cercanía, y que Sotheby’s vendió en Londres en julio de 2003, Self Portrait with Shaded Eyes (O/T, 70,8 x 55,2 cm, lote 19, día 10). Éste salía con una estimación de entre cuatro a seis millones de libras y el precio final que debió pagar la nueva propiedad, la Leiden collection de Nueva York, fue de 6,949,600 GBP (9.955.302 euros).

Rembrandt van Rijn: Autorretrato con ojos en la sombra, 1634. Óleo sobre tabla. Nueva York, The Leiden Collection.

Rembrandt van Rijn: Detalle del Autorretrato con ojos en la sombra, 1634. Óleo sobre tabla. Nueva York, The Leiden Collection.

     El segundo es más tardío y presenta a un personaje más maduro y serio, una suerte de introspección psicológica con una reducida gama de amarillos y pardos que sorprenden primero y apabullan después. Procedente de la Bridgewater Collection, está cedido en préstamo a la National Gallery of Scotland que lo data en 1655.

Rembrandt van Rijn: Autorretrato a la edad de 51 años, 1655. Óleo sobre lienzo. National Gallery of Scotland.

     El tercero es la tabla que sale a pujas. Éste es el autorretrato más temprano y en el que se percibe, de alguna manera, su glorioso futuro. Tal vez fuera realizado como un simple ejercicio de mano, pero el cuidado con el que Rembrandt se pinta, sin el menor espacio para la improvisación y con esa seguridad ya comentada, hace pensar más que en un encargo en una especie de ofrecimiento de sí mismo, quizá para que su reciente novia, la musa de sus años sucesivos Saskia van Uylenburgh, pudiese presentarlo a su familia y a sus amistades. Es seguro que éstos vieron con buenos ojos su casamiento con el joven apuesto y adinerado, que mostraba tan buen presente y aún mejor futuro. Sólo queda saber si los coleccionistas verán el próximo 28 de julio lo que Leegenhoek percibió en 1970, aunque teniendo que desembolsar algunos ceros más.

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