Hace algún tiempo os comenzamos a contar la iconografía de la Anunciación y su evolución durante los siglos (aquí, para la primera parte) a través de un texto que hace un tiempo escribimos Cipriano García Hidalgo y yo (Gloria Martínez Leiva) y que finalmente no llegó a publicarse. Continuamos la serie de textos sobre este tema ahora iniciando nuestro recorrido en la Alta Edad Media.

     En el Imperio Bizantino, dentro de la iglesia oriental, tanto antes como después de la querella iconoclasta (s. VIII-XI), las representaciones del tema de la Anunciación estuvieron presentes en numerosos ejemplos por todo el territorio del Imperio. Se utilizó el asunto dentro de grandes ciclos narrativos de la historia de la Redención, destinándose para ello el arco triunfal del presbiterio. Ejemplo de ésto lo tenemos en la iglesia de los Arcángeles en Zemo Krichi (Raca, Georgia) datados en el siglo XI, o en la iglesia de Hagios Christos (Verria, Grecia) con frescos de Georgios Kalliergis. Asimismo, se usó en el desarrollo de temas del Nuevo Testamentos con ejemplos tan temprandos como las pinturas coptas del Monasterio de los Sirios (Wadi al-Natrun, Egipto) con una Anunciación en el ábside, los ciclos de la Iglesia de San Jorge (Kubonobo, Macedonia) o el de la iglesia de los Santos Nicolás y Pantelemón (Bojana, Bulgaria). En la mayoría de estos ejemplos es fácilmente identificable el huso y el cesto de la púrpura en la Virgen.

Ábside del Monasterio de Deir a-Suriani, Wadi al-Natrun, Egipto. Foto: Wikimedia Commons.

     Mientras tanto en el arte occidental de la Alta Edad Media, las representaciones de arte figurativo pasaron a un segundo plano. Con la tradición de arte mueble del mundo germánico, se perderán en gran medida los talleres tardo-romanos y decaerán este tipo de representaciones. Aún así podemos destacar por su importancia y rareza el ciclo de relieves de la basílica visigoda de Santa María en Quintanilla de la Viñas (Burgos), de finales del siglo VII o principios del VIII, entre los que se han querido identificar en dos sillares decorados con figuras de medio cuerpo con libros en las manos el tema de la Anunciación, aunque no hay acuerdo entre los especialistas al respecto. Los sillares desaparecidos desde 2004 de su ubicación fueron recuperados en el 2019 al ser localizados en el jardín de una familia aristócrata inglesa (ver aquí).

Imagen de los sillares de Quintanilla de las Viñas (Burgos) con el tema de la Anunciación. Foto: eldiadevalladolid.com

     Sin embargo, con la llegada del Románico, en el siglo XI, se recupera la producción de imágenes, en este caso muy supeditada a la arquitectura y a la labor docente de la imagen. Generalmente, con la escultura en los exteriores y la pintura en los interiores, se transmitían mensajes de admonición o recomendación para la salvación del alma a través de narraciones de la vida de Cristo, la Virgen y los santos, como exempla para lograrla. La característica principal de este tipo de representaciones es la propia del Románico, en el que las figuras suelen tener cierto hieratismo, inexpresividad en los rostros, ausencia de representación espacial y una forma estereotipada de hacer las figuras, sus vestimentas y anatomías.

     En las representaciones románicas el tema de la Anunciación será incluido frecuentemente, tanto por su importancia en la historia de la Redención como por su relevancia dentro de los ciclos narrativos de la vida de la Virgen y de Cristo. La vinculación de los modelos bizantinos con el arte románico es más que evidente, pero en la iconografía, aunque en ocasiones se siga el modelo oriental, se va a ir perfilando una nueva manera de representar el tema, ajena a la narración de los apócrifos.  Ahora se preferirá señalar el papel de aceptación de María del destino divino, que suele reflejarse con el levantamiento de la palma, de una o de las dos manos, ante la presencia del Ángel y se comenzará a enriquecer la iconografía con la aparición de nuevos elementos simbólicos. También las actitudes de los dos personajes cobrarán importancia. Así en Gabriel, que representa la vía activa, suele captarse cierto movimiento, bien por el hecho de estar descendiendo o bien por iniciar una genuflexión; mientras que en María, que representa la vía pasiva, se denota un gesto de aceptando de su destino con humildad.

     Una de las mejores representaciones escultóricas del tema en el Románico, es el relieve del claustro de Santo Domingo de Silos. En él, María está siendo coronada por unos ángeles y aparece sentada y bajo cortinajes, elementos que derivan de la tradición clásica, y representan un espacio palaciego. Sorprende la riqueza y el detallismo en los pliegues de las telas, así como la jerarquía en los tamaños, en el que la Virgen ocupa un lugar más destacado.

Maestro Mateo?: Relieve de la Anunciación, ca. 1200. Monasterio de Santo Domingo de Silos. Foto: Wikimedia Commons.

     En pintura cabe destacar la enorme riqueza y variedad de ejemplos en España, cuyo estilo deriva del influjo de modelos italo-bizantinos y franco-románicos, lográndose la plenitud del género y los mejores ejemplos en el siglo XII. De entre estos conjuntos sobresalen las pinturas del Panteón de Reyes de la basílica de San Isidoro de León, encargados seguramente por Doña Urraca (1033-1101) para decorar el panteón donde ya estaban enterrados sus padres Fernando I y Doña Sancha. Este hecho ha adelantado la datación de estos frescos a finales del siglo XI, siguiendo modelos francos. En estas pinturas se desarrolla todo un ciclo de escenas de los Evangelios y el Apocalipsis, repartidas entre seis bóvedas y los muros del panteón que estaba construido a modo de atrio de la iglesia del monasterio leonés. En uno de los muros se sitúa la escena de la Anunciación junto con una Visitación. Las escenas se separan por unas columnillas que sustentan una hipotética arquería que se adecúa de forma un tanto torpe al arco de medio punto que limita el muro. Todo el conjunto está realizado en temple, con un dibujo muy marcado usando líneas gruesas negras o blancas, con una recreación en lo decorativo de los pliegues que son totalmente estereotipados. Las representaciones utilizan un fondo blanco en el que se resaltan las figuras pintadas con colores vivos, destacando los rojos y azules. En la escena de la Anunciación sobresale además la iconografía utilizada. San Gabriel lleva una vara, recuerdo del caduceo clásico, que sostiene con la mano velada por el manto, símbolo de respeto. De la vara salen unos rayos dorados que simbolizan el hecho de la Encarnación, siguiendo así la iconografía que deriva del texto del pseudo-Mateo. La Virgen, que se hallaba sentada sobre una especie de trono, del que vislumbramos el rico cojín azul y el remate decorativo del extremo, se ha levantado ante la presencia angélica y alza las palmas de las manos en señal de aceptación. No hay ninguna referencia espacial, salvo el asiento. En el muro se reproducen los textos de la salutación de San Gabriel y también se identifica a éste mediante su nombre escrito. Las figuras están hechas a base de estereotipos, tanto para los rasgos faciales como para las vestimentas y sus plegados, buscando lo decorativo. El canon de las figuras es alargado y hay evidentes desproporciones en alguna de sus partes, como las manos de la Virgen, posiblemente para reforzar el mensaje gestual.

Anunciación. Panteón de los Reyes de la Real Colegiata Basílica de San Isidoro de León. Foto: @cylromanica

     Muy interesantes resultan también algunos ejemplos de miniaturas, como el realizado en Suabia en un Evangeliario conservado en la Landesbibliothek de Stuttgart y que se fecha en torno a 1150. En éste la Virgen deriva de modelos bizantinos, pero se la representa con el gesto de aceptación mostrando la palma de la mano, mientras que el Arcángel despliega sus alas elegantemente, transmitiendo ese movimiento al manto y túnica.

Evangelario de Suabia: Anunciación, ca. 1150. Landesbibliothek, Stuttgart.

     Como ejemplos de supeditación a los modelos orientales podemos señalar tres obras fechada en torno al 1200: el frontal de Santa María de Lluçà (Museo Episcopal de Vic); las pinturas murales de Sant Pere de Sorpe (Museo Nacional de Arte de Cataluña, Barcelona), dónde se mantiene la iconografía de la Virgen con el huso hilando la púrpura; así como en la Anunciación dentro del ciclo de pinturas murales de Castel Appiano (Bolzano, Italia). Es en ésta última donde podemos apreciar la tradición italo-bizantina, con una Virgen que muestra la palma de su mano izquierda como signo de aceptación, pero a la vez lleva el huso de la púrpura en la derecha. De este fresco destaca la belleza caligráfica de los pliegues del manto de San Gabriel, en un intento de captar cierto movimiento descendiente del mismo.

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