“TEJE EL CABELLO UNA HISTORIA. El peinado en el Romanticismo” es la nueva exposición temporal que el Museo del Romanticismo (C/San Mateo, 13) presenta hasta el 12 de abril de 2020. Comisariada de un modo muy acertado por la conservadora del museo, Carolina Miguel Arroyo, la muestra nos ofrece un relato sobre la historia y la evolución del peinado femenino y masculino que va desde 1833 a 1868, periodo en el que la historiografia española enmarca el Romanticismo Español.

     Incluye referencias a las formas, aderezos y ornamentos que acompañaban al peinado y que ayudaban a las clases burguesas y aristocráticas a remarcar un cierto estatus social. No olvida la muestra los cuadros, joyería y demás objetos que se realizaban en el siglo XIX en cabello para recordar a los seres más queridos y de quién nos da testimonio Benito Pérez Galdós en su novela ‘La de Bringas’ .

Detalle de una pulsera realizada con cabello y una cajita para guardar el pelo como recuerdo de un ser querido. Fotografía de Pepe Añón para este blog

     La exposición persigue dos objetivos que están muy presentes en las corrientes museologicas contemporáneas: por un lado ofrecer nuevas lecturas de una colección, en este caso la colección propia del Museo del Romanticismo ya que no se ha contado con ningún préstamo de otra institución, y por otro poner en valor piezas que hasta el momento no habían visto la luz y que se encontraban en los almacenes de la institución.

La comisaria de la muestra Carolina Miguel. Fotografía de Pepe Añón para este blog

     Si bien a la historia de la indumentaria se le han dedicado y dedican muchas exposiciones en la actualidad, no ha sucedido lo mismo con el peinado y por ello hemos de aplaudir esta propuesta tan innovadora del Museo del Romanticismo.

En una de las vitrinas puede verse un ejemplar de ‘El Correo de las Damas’. Fotografía de Pepe Añón para este blog

     La exposición inicia en la sala de las exposiciones de la planta baja y se dedica al peinado femenino y a “la industria del cabello como recuerdo”. Este relato del peinado inicia con el peinado femenino y sus protagonistas son María Luisa de Parma, Isabel de Braganza, María Cristina de Borbón, la infanta Carlota de Borbón y damas anónimas de la centuria.

Fotografía de Pepe Añón para este blog

     En un primer momento veremos como aún reinas como María Luisa de Parma emplean la peluca para ir posteriormente abandonándola y dejándose llevar por las modas que llegaban desde París y que a su vez estas se veían influidas por las modas inglesas.

La reina María Luisa de Parma con peluca retratada por Salvador Maella. Esta monarca será de las últimas en hacer uso de la peluca

     Será con la Revolución Francesa cuando se produzca un cambio radical en el peinado en Europa, se recuperará el color natural y se pondrá de moda un peinado corto con rizos denominado a “Caracalla o a lo Tito”. Este tipo de peinado no llegará a nuestro país pero lo que si sucederá es que llegarán aires de influencia más grecolatina donde va a sobresalir un cabello corto, rizado trenzado y ornamentado con diademas como el que luce Isabel de Braganza en este lienzo de Zacarías González Velázquez.

     Serán las revistas femeninas y las de moda las que contribuirán a la difusión de las nuevas tendencias en el arreglo del cabello de las damas. En las décadas de 1820 y 1830 los recogidos del cabello aumentarán de tamaño e irán introduciendo grandes aderezos  a base de plumas como vemos en una miniatura en marfil de la infanta Luisa Carlota de Borbón.

Detalle de la miniatura de la infanta Luisa Carlota de Borbón. Fotografía de Pepe Añón para este blog

     En este momento va a surgir una variante de peinado que vemos representado en la exposición a través del supuesto retrato de Lucía del Riego. Luce esta dama un peinado que divide su cabello por medio de una raya y deja caer dos grupos espesos de bucles sobre las sienes. Remata el peinado una lazada que se formaba separando los mechones de pelo.

Escuela inglesa. Lucía del Riego?. h 1825. Fotografía de Pepe Añón para este blog

     Otra de las tendencias será la vuelta a la Edad Media haciendo uso de una fina cadenita en la frente muy al estilo del retrato “La Belle Ferronièr” de Rafael Sanzio. Este tipo de peinado lo pondrá de moda la cantante de ópera Maire Malibrán

Fotografía de Pepe Añón para este blog

     Las décadas siguientes se caracterizaron por la vuelta a la sobriedad, configurando el peinado burgués y contribuyendo a la democratización de este. El peinado más característico en la década de los años 40 será el denominado bandós o Clotilde, un peinado dividido en dos partes, generalmente lisas, con un recogido posterior y bajo.

En este retrato atribuido a Esquivel vemos a una dama con el bandós ahuecado propio de la década de 1850.

     Acompañando a los lienzos se exhiben pequeñas miniaturas, grabados, dibujos y otros objetos relacionados con el peinado, como un juego de rizar el cabello compuesto por calentador, rizador, tenaza y separador de pelo.

Calentador de pelo y tenaza. Foto propia

     Por su parte la vitrina dedicada a la joyería de luto y otros objetos realizados con el cabello de seres queridos, pueden verse anillos, botones, sortijas o cuadros. Es en esta sección donde se expone un mechón de cabello del escritor y periodista Mariano José de Larra, que no se exhibía desde 2010, cuando ingresó en la colección del museo procedente del legado familiar.

Pulsera y anillo confeccionadocon cabello. Fotografía de Pepe Añón para este blog

     La sala 25 del museo acoge la segunda parte de la exposición que se dedica al peinado masculino y que inicia con un retrato de Carlos IV con peluca.

     Aunque en el caso de los caballeros el peinado no se consideraba un elemento de belleza como tal, servía para imprimir personalidad y carácter por lo que también sufrió cambios y evoluciones a lo largo de la centuria que afectaron, además, al arreglo y modalidades del vello facial: bigotes, patillas y barbas crecen, se rizan y moldean para configurar la imagen del dandi romántico.

Carlos IV será el último de los monarcas españoles en usar la peluca, su hijo Fernando VII la mantendrá unicamente para ceremonias.

     A principios del siglo XIX se configura una nueva imagen masculina elegante y refinada, encarnada en figuras como George Bryan Brummel, “el bello Brummel”, que fueron referentes de las nuevas tendecias. Se va a poner de moda el cabello más largo, aparentemente desordenado y peinado hacia el rostro.

Mechón de pelo y cajita de Maríano José de Larra. Foto del Museo del Romanticismo

     A partir de 1820 hará aparición el término “lechuguino” o “pisaverdes” para desprestigiar a los jóvenes que lucian a la moda y que se cuidaban. Este fénomeno estará muy relacionado con el fénomeno del dandismo inglés y en la exposición puede verse un retrato anónimo titulado “un lechuguino” de 1845.

A la izquierda el retrato anónimo de “un lechuguino” y a la derecha el retrato de Franciso Aranda y Delgado por Federico de Madrazo. Fotografía de Pepe Añón para este blog

     En definitiva, se trata de una exposición innovadora que nos lleva de viaje al siglo XIX y nos muestra un relato hasta ahora novedoso: la historia del peinado tanto femenino como masculino haciendo uso de unas 90 piezas de las colecciones del Museo del Romanticismo.

     Hemos hecho hincapié en esta reseña en el tema central de la exposición, la historia del peinado, pero el visitante puede al mismo tiempo admirar lienzos de artistas decimonónicos como Rafael Tegeo, Antonio María Esquivel, Federico de Madrazo o Valentín Carderera, entre otros.

Fotografía de Pepe Añón para este blog

     “TEJE EL CABELLO UNA HISTORIA. El peinado en el Romanticismo” puede visitarse hasta el 12 de abril de 2020 en el Museo del Romanticismo (C/San Mateo, 12. Madrid)  en horario de martes a sabado, de 9:30 a 18:30 y los domingos y festivos de 10:00 a 15:00 horas.  El Museo ofrece una programación cultural paralela, con visitas guiadas y talleres infantiles y de adultos que puede consultarse en la web del museo.

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