Como hemos visto por post anteriores, la mayor parte de las mujeres que llegaron a convertirse en artistas reconocidas provenían de familias cuyos padres, hermanos, etc. eran artífices y aprendieron en los talleres familiares donde todo el mundo tenía una función. No obstante, también existió el caso de mujeres inclinadas a las bellas artes que consiguieron recibir lecciones de algún reputado maestro. Hoy vamos a hablar de uno de esos casos no muy conocido. Se trata de la noble Ernestine Charlotte von Nassau-Siegen.

     Hija del conde Johann VIII de Nassau-Siegen y de Ernestine Yolande de Ligne, nació en Bruselas en 1623. El matrimonio tuvo cinco hijas, la tercera de ellas fue Ernestine, y un deseado heredero, Johann Franz Desideratus, haciendo referencia a ese anhelado hijo varón. Todos los miembros de la familia, a excepción de la mayor que falleció con tan sólo un año, fueron retratados por Van Dyck en 1634. Van Dyck había vuelto a Amberes desde Londres en la primavera de 1634, probablemente anticipando los retratos que iba a poder realizar al nuevo regente de los Países Bajos españoles, el Cardenal Infante don Fernando, quien llegó a la corte de Bruselas en diciembre de ese año. Esperando la llegada del Cardenal Infante Van Dyck recibió múltiples comisiones para la realización de retratos, entre ellas la de retratar a Johann of Nassau-Siegen y su familia. En ese retrato la pequeña Ernestine contaba 11 años y es la que luce un traje azul.

Van Dyck: Johann VIII, conde de Nassau-Siegen, y su familia, 1634. Óleo sobre lienzo, 292 x 264 cm. Trustees of the Firle Estate Settlement, Firle Place, Sussex.

     Van Dyck también retratará al conde en un retrato individual, también realizado en ese mismo año de 1634, de lo que se deduce que al menos se estableció una relación comercial entre ambos durante cierto periodo de tiempo. La personalidad artística de Van Dyck debió impresionar a la pequeña Ernestine quien probablemente recibió lecciones de pintura, sino del propio Van Dyck, de alguno de los artistas que estaban en su círculo más próximo. Desafortunadamente no se ha encontrado documentación que señale quién fue su maestro en el arte de la pintura, pero lo que está claro es que los retratos realizados por Ernestine dejan a las claras la deuda pictórica con Van Dyck.

Van Dyck: Johann VIII con armadura, 1634. Princes of Liechenstein, Vienna and Valduz.

     De la producción pictórica de Ernestine tan sólo se conocen retratos de mujeres, miembros de su familia, sobre todo su hermana Clara María, princesa de Ligne, de la que se conservan al menos tres retratos, y amigas íntimas que posaban para ella. Los retratos muestran un gran interés en reflejar la singularidad física de las representadas y no tanto en la realización de las joyas o los trajes, cuyas telas se muestran planas y sin detalle. Algunos están inspirados directamente en grabados u obras de Van Dyck, mientras que otros intentan ser más creativos como es el caso del de la duquesa de Lorena y de la marquesa de Consagne, en los que una fuente y un criado negro estarían intentando aportar elementos iconográficos en referencia a las representadas.

 

Ernestine de Nassau: Beatrice de Cusance, duquesa de Lorena. Palacio Lobkowicz, Praga.

     Ernestine contrajo matrimonio en 1650 con el príncipe Maurit Henry of Nassau-Hadamar, único varón del que se conserva un retrato realizado por su esposa. De los seis hijos que tuvo el matrimonio, todos murieron a edades tempranas a excepción de Claudia Franziska, quien en 1677 contrajo matrimonio con el príncipe Ferdinand August von Lobkowitz. Claudia debió de heredar los cuadros realizados por su madre tras la muerte de ésta en 1668 y los llevó consigo a su nueva residencia en Hadamar. Sin embargo, Claudia murió poco después, en 1680, pasando a pertenecer los retratos que había heredado de su madre a su esposo, el 3er príncipe Lobkowitz, en cuya colección familiar han permanecido hasta la actualidad. Tras una minuciosa restauración las obras de Ernestine Charlotte von Nassau-Siegen han pasado a ser exhibidas en el Palacio Lobkowitz de Praga, dejando constancia del interés por los pinceles y por la obra de Van Dyck de esta mujer noble.

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