Durante los años finales de la Edad Media y el inicio de la Moderna, cobró un auge especial el culto a la Eucaristía y fruto de este culto se realizaron piezas para su exaltación, como son las custodias procesionales. La gran mayoría de los templos, sobre todo los catedralicios, se hicieron con imponentes artefactos de plata para poder así celebrar la solemne procesión del Corpus, fiesta que pasó a ser fundamental en el calendario litúrgico católico, sobre la fiesta del Corpus escribimos ya un post anterior (ver aquí). En palabras de Sánchez Cantón:

Custodia de la Catedral de Toledo. Foto: @cipripedia.

Dos palabras acerca de la fiesta del Corpus: “Reinando en Castilla y León el rey Don Alfonso el Sabio – son frases de Juan de Arfe –, instituyó el Papa Urbano IV [por bula del año 1263] que se celebrase la fiesta del Santo Sacramento el jueves adelante del domingo de la Trinidad; y para la procesión general de aquel día fueron ordenadas las custodias figuradas por el Arca del Sancta Sanctorum que fabricó Beseleel, de la tribu de Judá”. El carácter triunfal y alegre de la fiesta, confirmado por Eugenio IV en mayo de 1443, tenía ya precedentes en la bula del siglo XIII, donde se lee que el tal día “cante la Fe, la Esperanza salte de placer, la Caridad se regocije y cada cual acuda con ánimo alegre y presta voluntad”. En España, a fines del siglo XV, cobró esplendor singular la procesión del Sacramento de la Gracia y del Amor en gran parte por obra de la Reina Católica; desde su origen fue fiesta distinta de las demás: mascaradas de monstruos y demonios aherrojados, animadas cabalgatas de héroes, danzas, autos sacramentales y burlescos pasos, todo lo brillante y todo lo sonoro acompañando a la custodia por las calles de las viejas ciudades, en un día de plena primavera, cuando flores y aves, como escribió Lope:

Unas se abren y otras cantan;

las aves parecen flores

entre las hojas las alas;

las flores, aves que mezclan

con sus colores las ramas”.

F. J. Sánchez Cantón: Los Arfes. Escultores de plata y oro (1501-1603). Colección popular de Arte. Editorial Saturnino Calleja. Madrid. 1920. pp. 12-13.

Juan de Arfe: Custodia de la Catedral de Sevilla. Foto: @cipripedia


          Hoy un colaborador que ya se ha vuelto habitual, Alejandro Sáez Olivares (@Alesaez14), nos trae la historia de la custodia de plata de la catedral de Cuenca, de la que apenas nos quedan algunos vestigios, pero que en su día fue una obra imponente como no podía ser menos en una sede catedralicia como la conquense. Otra historia de patrimonio perdido.

Jaume Americ: Ostensorio de Isabel la Católica. Foto: Catedralprimada.es


La custodia de la Catedral de Cuenca

          Poco antes de morir, el cardenal Cisneros quiso encargar una nueva custodia procesional para que envolviese y dotase de mayor lujo y prestancia a la costeada por Isabel la Católica. Para ello, en 1515 se ordenó llamar a Enrique de Arfe, y se le encargó la realización de una custodia en plata que a su finalización en 1524 fue considerada por los mismos tasadores como “la más excelente que nunca se ha visto”. Tanto la cantidad de plata invertida –más de 650 marcos-, así como la delicadeza y profusión de las cresterías, agujas y otros elementos decorativos góticos han hecho de ella una de las piezas claves en el último gótico castellano.

Enrique de Arfe: Custodia de la Catedral de Toledo. Foto: catedralprimada.es

          En 1525, el obispo de Cuenca, Diego Ramírez de Villaescusa, visitaba Toledo reclamado por Carlos I para recibir a cierta delegación veneciana, y por aquel entonces es seguro que la fama de la recién estrenada custodia llamaría su atención en alguna de sus visitas a la catedral. Quizás ya lo tenía en mente cuando contrató a Francisco Becerril como maestro de obras de plata de la catedral, pero lo cierto es que no fue hasta 1526, tras su paso por Toledo, cuando se encargó una monumental custodia procesional. Inspirado quizás en la custodia toledana, pudo querer emularla en cuanto a grandiosidad.

          Tanto se ha hablado y escrito sobre esta obra que ha llegado a adquirir tintes  sobrenaturales, casi míticos. Lo cierto es que tanto su creación como su destrucción no hacen sino ensanchar la leyenda de la custodia como una de las más grandes creaciones de la historia de la platería española.

Juan Miguel Pando Barrero: Catedral de Cuenca, interior con anciano orando iluminado por un rosetón. Foto: IPCE [PAN-010049]

          Gracias a las Actas Capitulares, las sucesivas tasaciones y los libros de fábrica nos podemos hacer una idea de lo que supuso su realización; más tarde, las descripciones y crónicas de viajeros e historiadores han permitido reconstruir con cierta fidelidad lo que sería a grandes rasgos el aspecto de la custodia. La mejor y más detallada de estas últimas es la que nos dejó Ponz, cuyas líneas han servido para hacer una reconstrucción aceptable del aspecto que presentaba la custodia en el siglo XVIII, pero quizás sea más liviano presentar aquí el resumen que de aquella descripción hizo Dimas Pérez:

“Se componía de tres cuerpos y remate final, además de llevar en las esquinas desde la misma base otros templetes, triangulares, de dos pisos y remate, unidos por contrafuertes, en forma de bestiones, al edificio principal de los tres cuerpos, dando lugar todo ello a un bellísimo e imponente conjunto arquitectónico de estilo netamente plateresco y de notables proporciones. En el primer cuerpo, después de la peana y la repeana, se hallaba, en figuras de bulto, la Santa Cena, en el segundo iba la custodia propiamente dicha, con el viril para el Santísimo Sacramento, y en el tercero, de planta octogonal, el sepulcro vacío con el ángel, las tres Marías y unos soldados. El remate de la custodia estaba formado por una estatuilla de Cristo resucitado”.

Reconstrucción de la custodia de la catedral de Cuenca por Luz Lamarca.

         A todo esto hay que añadir que además de los principales conjuntos de la Santa Cena y la Resurrección, encontramos otras figuras exentas repartidas por la custodia, como obispos, santos, y ángeles, junto a multitud de relieves de escenas bíblicas en el zócalo. La totalidad de estudiosos de la custodia coinciden en asegurar que se encontraba repleta de decoración de elementos clásicos como follajes, grutescos, sirenas y angelotes, otorgando a un elemento de culto medieval un acento ornamental y decorativo eminentemente plateresco, que confirmaba el cambio en el gusto y en la mentalidad eclesiástica que se extenderá por toda España y que se venía anunciando ya en otras disciplinas artísticas. La custodia de la catedral marcará el estilo de Becerril en sus futuras realizaciones de encargos semejantes, que compondrá de esquemas arquitectónicos similares y los llenará de elementos decorativos variados y originales.

Francisco Becerril: Santo obispo. Victoria & Albert Museum. Londrés. 

          La relevancia de la custodia la podemos comprobar, además de en su originalidad estética y excelente factura, en su enorme inversión económica y su colosal tamaño; según extrae Dimas Pérez de las cuentas de la custodia la suma de lo gastado en la realización de la misma ascendió a 17.024 ducados y 172 maravedís, cantidad que abonaría la catedral a Becerril y sus herederos. En cuanto al peso y al tamaño de la obra, el mismo autor calcula un peso de más de seiscientos marcos de peso –unos ciento cincuenta kilos- y unas dimensiones de un metro de ancho en la peana y dos metros con sesenta centímetros en altura total. Valga como dato que subraya lo imponente de la custodia que en procesión debía ser llevada por 24 clérigos.

          El proceso de creación de la custodia se encuentra bien documentado y podemos rescatar, gracias a las actas capitulares de aquellos años, que fue un continuo tira y afloja entre el cabildo y el artífice. No vamos a detallar todos los sucesos que rodearon el proceso, pues nos perderíamos en pagos y pleitos que no vienen al caso, pero hay algunas fechas merecedoras de señalarse en este trabajo.

Juan Miguel Pando Barrero: Catedral de Cuenca, interior con reja renacentista. Foto: IPCE [PAN-010048]

          El 6 de julio de 1526 el cabildo acuerda iniciar las gestiones preparatorias para la realización de la custodia. Pasa más de un año hasta que el 8 de noviembre de 1527 se forma una comisión que decidirá qué plateros se harán cargo de la obra, acordando que será Francisco Becerril quien la ejecute. El día 21 del mismo mes se firma el contrato con el platero en el que se especifican las características técnicas y económicas de la obra, además de obligar a Becerril a presentar una muestra del proyecto. La disposición iconográfica se deja pendiente hasta que la comisión admita la muestra, hecho que ocurrirá el 22 de octubre de 1528, cuando también se acuerda que el peso será de 500 marcos. Ponz apunta que según la inscripción de la custodia, ésta se inició el 25 de marzo, por lo que en el periodo que va de marzo a octubre debieron darse los preparativos iniciales. A partir de esta fecha se suceden las visitas, inspecciones, exigencias de pagos, tasaciones y demás hechos que retrasaron hasta 1573 la culminación del proyecto, con Becerril ya fallecido. Solo rescataremos de todos estos datos que a la muerte de Villaescusa el platero llevaría trabajados unos 350 marcos de plata, poco más de la mitad de lo que pesaría la custodia acabada, por lo que el obispo no pudo ver materializada la gran obra que tenía en mente.

Francisco Becerril: San Cristóbal. Victoria & Anbert Museum. Londres. Foto: V&AM.

          Habría que añadir que Francisco Becerril no trabajó solo, sino que contrataba colaboradores que le ayudaban debido a la gran cantidad de trabajos que se le acumulaban. El primero y más llamativo de ellos, documentado entre 1527 y 1529 es Juan Ruiz, que colaboraría en la realización de la custodia de Villaescusa de Haro. Cuando rescindió su contrato marchó a Sevilla, y Amelia López-Yarto opina que tal platero podría tratarse de “el Vandalino”, introductor del torneado de plata y maestro platero en Andalucía[1].

          Si el proceso de elaboración es merecedor de un capítulo aparte, su destrucción no lo es menos. Muñoz y Soliva relata que, habiendo tomado los franceses la ciudad y dedicados al saqueo, se intentó conservar la custodia pagando al general Caulincourt medio millón de reales, quien aceptó la oferta de inmediato. Cuando se ausentó, unos soldados franceses accedieron a la catedral y mutilaron la obra con hachas, por lo que el mismo general francés atravesó con su espada a dos de ellos en la misma catedral, llevándose finalmente la plata de la custodia[2].

Francisco Becerril: San Miguel. Victoria & Albert Museum. Londres. Foto: V&AM.

          Casi nada ha llegado hasta nosotros de esta magnífica obra después de la rapiña, y hasta hace unos años los únicos vestigios supervivientes a la masacre artística relatada por Muñoz eran dos soldados yacentes de una Resurrección pertenecientes al Victoria and Albert Museum, pero será Cruz Valdovinos quien en 1975 identifique tres figuras más con la custodia de Cuenca[3]: San Jorge, San Cristóbal y un obispo. A los dos santos los relaciona sin ninguna duda con otros similares de la custodia de Iniesta, y al obispo con los Apóstoles de la custodia de Villaescusa de Haro.

BIBLIOGRAFÍA
PÉREZ RAMÍREZ, Dimas, La custodia de la Catedral de Cuenca. Editorial Gaceta Conquense, 1985.
ARTEAGA, MªCristina, “La custodia de Arfe y sus predecesoras en la catedral de Toledo”, Boletín de la Sociedad Española de Excursiones, Año XXXII, cuarto trimestre, Madrid, 1924, pp. 238-254.
HERNMARCK, Carl, Custodias procesionales el España, Madrid, 1987.
CRUZ VALDOVINOS, J.M., “Tras el centenario de Francisco Becerril”, Revista Goya, nº 125, 1975, pp. 281-290.
LÓPEZ-YARTO ELIZALDE, Amelia:
Francisco Becerril, C.S.I.C., Madrid, 1991.
La orfebrería en el siglo XVI en Cuenca, Excelentísima Diputación Provincial de Cuenca, 1998.
Notas:
[1] Documenta estas relaciones entre plateros a través de sus contratos en el A.H.P.C., Ídem., pp. 122-123.
[2] MUÑOZ Y SOLIVA, T., “Historia de Cuenca”, II, Cuenca, pp. 919-920, en PÉREZ RAMÍREZ, La custodia…, pp. 25-26.
[3] CRUZ VALDOVINOS, J.M., “Tras el centenario…”, p. 286.

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